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Declaración de Principios

Principios hacia el desarrollo

  1. Trabajo privado y empleo genuino: el Estado debe generar la orientación política, con un marco institucional para originar, propiciar y estimular las condiciones de empresas y emprendedores (SAS) que produzcan y generen empleos. Cuyas interrelaciones no solo sean con el Estado, y tiendan hacia la búsqueda de otros mercados.
  2. Desarrollo productivo: la ciencia y tecnología debe ser utilizada para minería, agroindustria, turismo, industria local, energías renovables y medio ambiente. Esa economía del conocimiento también debe integrar al 3er sector.
  3. Un Estado eficiente adecuado a los tiempos tecnológicos: fuerte en lo estratégico, eficiente, eficaz en la administración y la gestión, austero, que reduzca la burocracia innecesaria.
  4. Federalismo real: defender los recursos y los intereses de Jujuy frente al poder central.
  5. Infraestructura: rutas, energía, agua, conectividad, vivienda y logística como herramientas de desarrollo.
  6. Educación moderna vinculada a los nuevos tiempos para el trabajo: con formación técnica y profesional orientada a las necesidades productivas de la provincia.
  7. Desarrollo humano y social: el crecimiento económico de la persona, acompañado de salud, educación, vivienda, trabajo y seguridad, con oportunidades individuales que favorezcan el bien común de los jujeños.
  8. Capital nacional y extranjero: recibir inversiones, pero bajo reglas que aseguren que una parte importante del beneficio quede en Jujuy.
  9. Identidad y unidad jujeña: Jujuy es nuestra pertenencia. La defensa de la cultura, producción y de los recursos de la provincia.
  10. Política sin dependencia ideológica: apoyar las medidas nacionales que beneficien a Jujuy y enfrentar las que la perjudiquen, independientemente de quién gobierne.
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Texto de la Declaración de Principios

Desde sus más remotos orígenes el ideal democrático desarrolla un proceso de progresivo equilibrio entre sus dos elementos fundamentales: la libertad y la igualdad.

La tensión producida por el afán de amalgamar esos criterios, que son a la postre los que han servido de núcleo generador a casi todas las ideas políticas en la historia de la humanidad, convoca hoy a los futuros ciudadanos del tercer milenio a la búsqueda de su resolución con impostergable urgencia. Aquí en nuestro país esta discusión alcanza hoy un grado de absoluta relevancia.

Ciertamente, la Argentina ha venido desarrollando a lo largo de estas últimas tres décadas un progresivo fortalecimiento de sus instituciones democráticas y la consolidación de su imagen ante sí y el mundo. Aunque esta transición ha sido atravesada con éxito y valores tales como la libertad y los derechos y garantías cívicas se hallan ya permanentemente instalados entre los objetivos alcanzados por la sociedad, observamos cómo paralelamente gran parte de la ciudadanía queda excluida del sistema día a día, y sin esperar ya ningún tipo de respuesta por parte de las estructuras políticas tradicionales, convertidas ya en verdaderas maquinarias de auto representación.

Es por esto que, para quienes creemos en la democracia como un ethos igualitario, como una herramienta que permita alcanzar criterios de participación sustancial, se hace necesario incorporar una nueva perspectiva para formular la acción política, recreando un planteamiento de solidaridad entre los actores sociales, que busque legitimar un canal de expresión que sirva a los fines de estrechar la brecha hoy existente entre representantes y representados; que vuelva a priorizar como protagonistas a sus referentes directos: los ciudadanos.

Por esto el PARTIDO POR EL DESARROLLO DE JUJUY llega, en estos momentos de desconcierto y descontento, como un mensaje de esperanza.

Las crisis llevan implícitas las soluciones y también a las personas que son capaces de plantearlas. En la provincia hoy están dadas las condiciones para que el cambio se cristalice dentro del marco de las instituciones democráticas.

Por todo esto es que resulta indispensable plantear la necesidad de soluciones profundas en el modo de afrontar los problemas de la realidad social, política y cultural.

Quizás haya que plantear las "pequeñas soluciones" como primer paso antes que lanzarnos a proclamar grandes propuestas de difícil cumplimiento.

Cuando decimos "pequeñas soluciones" no estamos menospreciando su contenido, al contrario, le estamos dando un lugar de jerarquía dentro de las preocupaciones, ya que es desde lo particular que se puede avanzar con seguridad y eficacia hacia lo general, habiendo consolidado en el camino las bases de un desarrollo estratégico.

Es la realidad la que nos determina el contexto de agotamiento. Entre todos debemos revertir esta inercia determinista que ha llevado a la resignación a un pueblo creativo y audaz, como lo es el jujeño. El marco colectivo debe tener como bandera desde lo mental un cambio profundo cultural y en lo espiritual la elevación de la autoestima como pueblo.

Proponemos una opción diferente en lo generacional, porque sabemos que hay en los hombres y mujeres de esta provincia una rebeldía transformadora, que está llamada a terminar con una tarea que es también vocación histórica: la grandeza de nuestra Tacita de Plata.

Así, con el encuentro entre todos en base a un horizonte que es también destino, lograremos convocar a todos aquellos que con esa misma convicción luchan por sus ideas desde las distintas expresiones de la vida sociopolítica en esta comunidad.

Estamos motivados, sabemos que ha llegado el momento de establecer una propuesta democrática que alcance a todos aquellos que hoy están postergados, que construya un puente para la creación de una sociedad con oportunidades y también con sentido de reciprocidad.

Una armonía entre las concepciones que privilegian la libertad económica con aquella que entiende al Estado como el promotor natural de la dinámica del proceso político. Al observar el mundo actual vemos que los acontecimientos que en el pasado llevaban décadas para producir efectos o resultados ciertos hoy se desarrollan con una rapidez tecnológica y comunicacional que desafía la imaginación, sobremanera en un país que, como el nuestro, ha vivido en carne propia la vertiginosidad de los cambios producidos en la esfera del nuevo orden.

La globalización de las comunicaciones (la internet, redes sociales, tecnología 5G, la robótica, la energía cuántica y la inteligencia artificial), la interdependencia de recursos, bienes y servicios, la integración regional de las economías de las naciones, nos obligan a pensar hoy desde una perspectiva distinta, con una criteriosa apertura, con menores condicionamientos o recelos ideológicos acerca de nuestro lugar como provincia, inserta en el país y el mundo. Algunos de los problemas con que se enfrenta nuestra sociedad, ya sea a nivel local, nacional o internacional, solo pueden ser resueltos con la participación coordinada de todos los elementos que determinan la dinámica social: el mercado, el sector público y las expresiones de solidaridad que surgen de la propia sociedad para el equilibrio de los intereses.

Consideramos que una verdadera poliarquía abarcadora debe incluir los criterios que refuercen el equilibrio entre la soberanía política, la economía de mercado y la justicia social. El resultado de esa integración es el único esquema posible para enfrentar males como la concentración económica y la corrupción, generadores visibles de flagelos como la desocupación, la pobreza, la crisis productiva, educativa y de valores trascendentales.

La economía mundial se encuentra inmersa en una dinámica de rápida transformación hacia un modelo perfilado por la globalización de mercados, el protagonismo de las grandes potencias comerciales y la competencia abierta. El nuevo entorno está propiciando también la revolución de los métodos productivos y los hábitos de consumo, muy influidos por los avances tecnológicos y la homogeneización internacional de los gustos de la población, respectivamente.

La industrialización está en el centro de este gigantesco proceso de cambio que nos ha tocado vivir, tanto por ser el verdadero motor del mismo como por constituir el sector económico más propicio para utilizar sus ventajas y el más expuesto a padecer, en otro caso, sus consecuencias. En ese mundo cambiante y vertiginoso, con relaciones cada vez más estrechas entre los ciudadanos de los distintos países, con veloces transformaciones en el campo de la información y la comunicación y con serias incertidumbres para incorporarse al trabajo por parte de los jóvenes que terminan su formación inicial, la educación y la formación con especificidad es para el PARTIDO POR EL DESARROLLO DE JUJUY la mejor inversión, la mejor garantía de futuro.

La cultura es un factor decisivo para constituir un ámbito abierto, tolerante, plural, dinámico. Con instituciones e infraestructuras culturales de calidad, modernas y con recursos suficientes. Donde las lenguas y las culturas de las diferentes regiones sean parte de nuestra riqueza social y humana. En el que todos participen de la cultura, como elemento prioritario de bienestar social.

Las fronteras, las barreras y las distancias tienden a desaparecer fruto de los cambios producidos por el avance tecnológico, propiciando el nacimiento de una sociedad basada en la transmisión instantánea de información de un lado a otro del planeta.

En esta nueva sociedad, las comunicaciones tendrán un impacto importante en el crecimiento, la competitividad y el empleo. En primer lugar, como soporte nervioso de la actividad económica; en segundo lugar, por el efecto motor que la implantación de las redes y servicios genera en los sectores más dinámicos de nuestra economía.

EL PARTIDO POR EL DESARROLLO DE JUJUY encuentra como fuentes naturales de donde emanan sus principios: la filosofía de la paz; de la cultura del diálogo y del encuentro; de la reivindicación de un ideario colectivo; un proyecto federal que articule la integración de toda nuestra geografía en reales objetivos comunes.

Estos ideales, lo sabemos bien, no podrán ser alcanzados mediante el voluntarismo, un optimismo ingenuo, o con una declamación. La única forma de lograrlo será a través de una acción permanente, a través de nuestro ejemplo, con el compromiso de demostrar de aquí en más que una realidad política distinta es posible.

Nos queda decir por último que la política es una herramienta transformadora; que en manos inescrupulosas conlleva a la desesperanza e infelicidad de los pueblos.

La comprensión y el compromiso de las clases dirigentes con una genuina vocación de servicio, debe dar como resultado final la lucha existencial de los PUEBLOS POR LA PAZ Y LA FELICIDAD.

El gran desafío es comprender las grandes contradicciones que nos propone la era tecnológica a la humanidad “La Modernidad versus la Modernización”.

EL DERRAME NO SERÁ ECONÓMICO SINO SOCIAL…

Donde el hombre quedará excluido de lo que hasta ahora conocemos por sistema.

La visión de desarrollo y como partido en lo provincial será la herramienta política que pretende instrumentar una mejor adaptación a estos nuevos tiempos.